sábado, 13 de septiembre de 2008

PRESENTACION Y ALGO MAS...

Soy mujer, madre, amiga, hija, hermana y algunas otras cosas más, pero por sobre todo nací con vagina biológicamente mujer, físicamente bella, me toco serlo, pero con el tiempo lo elegí, lo asumí, y aquí estoy contando mi historia.

Estaba en segundo año del secundario, en la hora de biología, que irónico, muy bien no me sentía algo me estaba pasando, entre mis flacas piernas pude sentir algo húmedo, me estaba como haciendo pis, me sentía mojada. Llegue a mi casa un tiempo después y lo primero que hice fue ir al baño, no podía creer lo que veía pero sabia que en algún momento pasaría, mi bombacha estaba manchada de sangre, de una sangre asquerosa, pero ahí estaba como burlándose de mi esa mancha que marcaría mi vida, la que me indicaba que algo había terminado y que empezaba otra cosa, adiós a la piba machona que jugaba luchas con mis hermanos, adiós a la libertad de revolear mis piernas sin que se me escapara nada, ahora la preocupación estaba entre vivir sin que se manche el pantalón y que esos dolores de mierda me dejaran vivir. Grite por dentro lo sentí, me dieron ganas de llorar, pero llame a mi mama le di la noticia, no me acuerdo de su cara pero supongo que también se lo esperaba, me dio las indicaciones correspondientes y me presento a las venditas toallitas que mas tarde las reemplazaría por los venditos y amados tampones.

Señorita al fin, o al principio diría, ¿era señorita? Quien me lo decía, me di cuenta con el tiempo que a veces el cuerpo esta listo y uno no. Ya ni me acuerdo como sigue… las tetas que te crecen, no mucho en mi caso, los pelos y el olor a chivo terrible que no se tapa con nada que se va con el tiempo. Y la vida continuaba y llega un momento que no te acuerdas más de cuando no sangrabas. Sabía porque las mujeres sangrábamos, y todavía no me habían lastimado, a decir verdad sí ya lo habían hecho hacia poco me había dado cuenta.

Fue antes de todo esto, tal vez unos un par de años nada mas, en una noche de las tantas que lloraba sin parar, se había muerto mi perro, se llamaba Pity, pero se había muerto cuando tenia cinco y yo ya tenia doce, demasiado tiempo, muchas lagrimas y una excusa que ya no me servia. Lloraba porque tenia miedo me sentía muy mal algo terrible me había pasado y solo yo lo sabia y había llegado el momento de contarlo. Mi papá en ese momento trabaja de noche y mi mama estaba sola en su habitación sabia que era el momento indicado, me levante de mi cama y fui hasta su habitación, no paraba de llorar. Y ahí estaba sentada en frente de mi mamá que no paraba de preguntarme que me había pasado.

Un hombre me toco mamá, no se si fueron esas las palabras, pero le contaba que hace tiempo y por un tiempo un conocido de mi familia me había tocado mi cuerpo muchas veces, me obligaba a besarlo a tocarlo, y que había llegado el momento de decirlo. No fue muy largo mi relato porque mi madre también lloraba, me preguntaba si me habían violado pero yo le decía que no, me tocaba mi cola, me besaba nada mas, le decía. Pero yo sabia y tal vez ella también que me guardaba muchas cosas. No me habían violado, si cuando hablamos de eso solo cuenta la penetración del inmundo pene de ese sorete en mis genitales, pero si violó mi infancia, mi cuerpo, mi cabeza, había violado mi vida. El tiempo paso y el tema nunca mas se toco, solo yo y con el paso del tiempo me di cuenta que no había tenido la culpa, que tuve la mala suerte de que un enfermo se cruzara en mi vida, pero también yo y nadie mas que yo sentí la soledad y el desamparo, la falta de acompañamiento y el silencio de la vergüenza. Que no había sido yo el que lo había dejado entrar en mi casa, se sentara a mi mesa, y se haga llamar el “tío” de los chicos en mi familia. Había gente adulta responsable, ellos eran mis padres, los que no miraron, los que callaron, los que no se si alguna vez me creyeron.
Y fue ahí en ese momento, donde tendría que haber estado jugando con las muñecas que me di cuenta que lo que me esperaba iba a ser durísimo, que iba hacerlo sola y que nada ni nadie me iba a ayudar, era la mismísima vida que me había tocado.

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